15 septiembre 2021

Juguetes hechos a mano con materiales naturales.

Cuando el bebé llega a este mundo físico material tiene todos los sentidos abiertos, de modo que las impresiones que recibe del entorno le penetran sin que ofrezca resistencia; está plenamente entregado con total inocencia y confianza.

Por ello es de vital importancia cuidar las experiencias sensorias de sus primeros años. Estas deben ser ricas, variadas, llenas de vida y de contenido.

El tacto es uno de los primeros sentidos en la vida del ser humano; en el momento del nacimiento, el cuerpo del bebé es presionado a lo largo del canal del parto. Es el primer estímulo para la piel y el comienzo del desarrollo del tacto.

El sentido del tacto nos transmite una vivencia inmediata de las experiencias que atañen a nuestro cuerpo.

Gracias al tacto percibo el mundo y a la vez percibo mi propia interioridad.


Como padres y educadores valoramos las fibras naturales para la ropa que cubre la piel del bebé; del mismo modo el material de sus juguetes debe ser natural y cercano.



Un muñeco de lana como compañía en la cunita irradia calidez y envoltura, aunque todavía no haya una interacción directa con el niño.










Otros muñecos en terciopelo y algodón son adecuados cuando el niño ya juega con ellos y los toca o los lleva a la boca. 





Los materiales naturales permiten que el niño se vincule de manera verdadera con sus juguetes. Los colores suaves y las formas orgánicas le transmiten seguridad y confianza, pues reflejan la realidad que percibe del mundo. 

Lo contrario ocurre cuando las formas que le rodean están desconectadas de su realidad natural, como en el caso de monstruos, coches fantásticos, robots artificiales, etc hechos con materiales también artificiales como plásticos, siliconas, acrílicos, etc.



Según va creciendo el niño, su entorno de juego se va enriqueciendo con formas redondeadas, animalitos y otras figuras humanas.








La piel es el órgano involucrado en el sentido del tacto; es el órgano más extenso del cuerpo, y procede de la misma capa embrionaria que el cerebro y el sistema nervioso central. El desarrollo de ambos está íntimamente relacionado.

Tocar texturas variadas, naturales, ricas y vivas, lisas y rugosas, finas y gruesas, formas redondeadas y angulosas, con la punta de los dedos, permite el desarrollo de la psicomotricidad fina, algo que la neurociencia ha reconocido que aumenta las conexiones entre las neuronas.

Por ello sabemos que el intelecto no se desarrolla con la acumulación de información y conocimientos, sino con el movimiento sutil y la percepción de las yemas de los dedos.

Los pensamientos y las ideas fluyen cuando el sentido del tacto está vivo. 


El sentido del tacto permite percibir el propio cuerpo y sus límites; permite manejarnos en el mundo físico material. 

Es importante el desarrollo correcto del sentido del tacto en la infancia, para más adelante manejarnos con tacto en el ámbito social y en el encuentro humano. Podré percibir al otro a la vez que me percibo a mí.

El tacto transmite seguridad por el contacto corporal, la vivencia de uno mismo en el límite corporal, y confianza en la existencia.


La piel me separa del mundo y a través de ella me uno al mundo.

Los sentidos se desarrollan utilizándolos. Y pueden desarrollarse durante toda la vida.


Libros recomendados: 

Juguetes hechos por los padres, de Freya Jaffke.

Mi querida muñeca, de Karin Evelyn Scheven.