En las escuelas Waldorf, en las aulas de Infantil, éstos son días de fiesta; los más pequeños ofrecen sus presentes al Niño Jesús que acaba de nacer.
Es la Fiesta de los Reyes Magos, y cada maestr@ decora su clase con el ambiente que corresponde.
La estación que vivimos es el INVIERNO, época de interiorización.
Si observamos la naturaleza, parece que todo está muerto; las ramas desnudas de muchos árboles nos dan una imagen gris, la luz del sol apenas puede atravesar las nubes que nos separan de su calor...
Y sin embargo, el interior de la tierra bulle de vida, de movimiento, y guarda cuidadosamente su calor.
¿Podemos los humanos sentir también ese calor en nuestro interior? ¿O nos sentimos mustios, grises y algo muertos?
¿Qué ha sido de nuestras raíces que nos anclan a nuestro verdadero ser?
Muestro aquí un trabajo que realicé estas Navidades, que ha nutrido esa parte más "libre", espontánea, auténtica, que nos acompaña siempre, si le damos su lugar.
Y os regalo una frase sobre la que reflexionar:
"Si quieres conocer tu ser
mira siempre lo que te circunda en cualquier parte del mundo,
Si verdaderamente quieres penetrar el mundo,
mira en la profundidad de tu alma."
Rudolf Steiner.
Gracias por estar ahí.


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