29 abril 2013

Lana cardada y peinada: la Madre Tierra en primavera, Hadas, Bebés.

Cuando ya creíamos que la primavera reinaba en nuestro entorno
aparecen de nuevo los días nublados con temperaturas bajas,
 trayendo con ellas de nuevo
 la nieve.


Así convivían durante unos días los colores de las dos estaciones consecutivas.
Había dado comienzo un nuevo ciclo de vida.
El campo se fue cubriendo de amarillo,
irradiando la luz que escaseó en el invierno.

Hemos podido contemplar cómo, poco a poco, el color verde ha dado paso al amarillo.

Ha sido una explosión de vida y color.
 
Y en el trabajo, tratamos de plasmarlo,
elaborando seres que representan ese nacimiento, ese nuevo brote...
 
 
La Madre Tierra contempla las florecillas
 que van saliendo al campo luciendo sus nuevos atuendos, recién elaborados,
sólo para este año.




Los brotes en los árboles se abrían para recibir los rayos del sol.
Como un bebé recién nacido que nos apresuramos en mostrar al mundo.


La sensación de vida en la Naturaleza nos empuja a recrearla también en nuestros talleres.
Así han salido algunos bebés.



Éste, un poco más mayor:

 
 
Y también el calor, por momentos exagerado, inspiró estas hadas de colores calientes.
 
 
 
 
Salimos de nuestras casas para llenarnos de la luz y el calor que tanto necesitábamos,
y estos últimos días, como un jarro de agua fría, nos bajan el ánimo.
Abrigos y botas de agua.

Muchas veces hemos de echar la vista atrás
 para hacer una retrospectiva de lo vivido,
para recordar algo que pasó,
para traer al presente y recrear lo que se quedó inmaduro, incompleto...

Y la vida nos da la oportunidad de revivirlo
para colocar algunos detalles en el lugar que les corresponde.

Con nuestro pensar, nuestra memoria, nuestra voluntad
 podemos revisar ese capítulo que creíamos cerrado
y añadir alguna nota, algún comentario, alguna vivencia nueva
 que completa un poquito más eso que ya pasó, y que la vida nos trae de nuevo, para algo...


Quizá sean momentos de reflexión.
Quizá, la oportunidad de revisar, recordar,
 retomar en nuestras manos nuestra vida
y simplemente ver si hemos dicho algún adiós
antes de tiempo...

Mientras escribo, el sonido de la lluvia me acompaña, incesante...
Eterno compañero.
¡Qué cierto es que nunca llueve a gusto de todos!

Gracias por estar ahí.



  
 


No hay comentarios: