31 julio 2013

Ciclo Vida/Muerte/Vida en el verano.

Hacía alusión en la última entrada
a una de las cualidades del verano,
que observando a nuestro alrededor
aparece en toda su evidencia:
la vida.
Incluso antes de amanecer,
 desde mi cama escucho el piar de las pequeñas golondrinas
que anidan justo encima de mi ventana.
A ellas se va uniendo el cantar de otros pajarillos,
y con los primeros rayos de sol
el sonido es de lo más variado.
En los campos vemos a las vacas con sus terneros bien cerquita,
y las ovejas atentas sin perder de vista a sus corderitos.

Sorprende también ver entre los matojos secos y resecos
algún que otro tallo verde con florecillas.

La vida está ahí.
Y también en este último día de julio
siento que un ciclo en mi propia vida termina,
 muere,
y dará paso a un ciclo nuevo.
Y es real:
ha terminado un curso,
nos tomamos vacaciones, un merecido descanso
 después de todos los meses de actividad y trabajo desde el septiembre pasado,
 y es necesario un adiós, un cierre, un tiempo de vacío.
También es tiempo de muerte.
No esa muerte como imaginamos a veces, como un final después del cual no hay nada. No.
Puede ser, más bien, esa muerte con conciencia,
que para recibirla hemos de agradecer y digerir 
todo lo vivido,
colocarlo en su sitio,
 y soltarlo, dejarlo marchar...
Permitirnos habitar el vacío sin esperar nada, sin planear nada,
 permitiendo que ocurra lo que haya de ocurrir sin que intervengamos en ello.
   
Utilizaría en este momento el efecto transformador del fuego.


Echaría en esta hoguera todo lo vivido durante este curso,
 con amor


con respeto
con humildad
aunque algunas vivencias no haya entendido para qué han ocurrido...

Despido conscientemente este curso.
Dejo la actividad, el trabajo, los contactos, las reuniones, la responsabilidad...
y me dejo mecer en el mar del vacío,
sin horarios, sin obligaciones,
con las mínimas responsabilidades posibles.
Me permito disfrutar del calor que me hace languidecer,
que me aplasta y me quita las fuerzas que ya no necesito mantener.
Y me permito entrar como en una ensoñación
donde no programo nada
y saboreo cada momento presente.

Desde aquí te invito a dejarte invadir por este vacío,
y a disfrutar este video
con imágenes y música refrescantes.



Que tengas un bonito verano
con todo su esplendor.


Gracias por seguir ahí. 


14 julio 2013

La riqueza del verano.

Estamos viviendo los días más largos del año. 
La luz del sol nos acompaña, perseverante.
El verano es la estación de la luz.
Vivaldi lo plasmó en su música, que te invito a ir escuchando.

 
 
Si la característica del invierno fue el recogimiento, la introspección,
 


el gesto del verano, de la luz, es la dispersión, la expansión.
 

 
Es una invitación tentadora a salir afuera,
a nutrirnos con la energía y el calor del sol;
todos nuestros sentidos están despiertos,
y no hay remedio a sucumbir ante este hechizo.
 
Si nos paramos a observar lo que ocurre en la naturaleza,
podemos entender este proceso y fundirnos con ella.
 
 
Las fuerzas que estuvieron recogidas en invierno
en el interior del manto terrestre
ahora se unen como en una danza
 a la brisa,
 al revolotear de las mariposas entre las flores,
al suave cantar de las aves.  
Incluso en la noche, en la oscuridad,
 el sonido de los grillos mece nuestros sueños.
Nuestros sentidos no descansan.
 
Y es la luz del sol la que permite que toda la riqueza de la tierra
se transforme en sustancias que los humanos ingerimos
para vivir.
 

 
"La vida es luz transformada".
(De Roberto Crottogini, en La Tierra como escuela)
 
No hay más que mirar los huertos
en esta época del año:
es el momento de mayor variedad,
de mayor colorido...
Los de hoja verde, los tomates, calabacines y berenjenas...
 
Los árboles también, generosos, nos regalan sus frutos:
ya consumimos las deliciosas cerezas de la temporada,
los ricos nísperos,
y ahora melocotones, ciruelas,
nos refrescan del calor.
 
Es una bendición poder recoger lo que se plantó en su día,
 y que con paciencia hemos visto crecer y madurar.
El eterno proceso de la vida, repetido otro año más.
 
Y como bendición en nuestras mesas:
"Tierra, estos frutos tú nos has dado;
Sol, esto tu luz ha madurado;
Sol y Tierra bienamados,
nunca seréis olvidados."
 
 
 
¡¡Feliz verano!!
 
Y a ti, gracias por seguir ahí.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


07 julio 2013

Las hadas del verano.

Los termómetros se han disparado desde hace pocos días.
El verano nos ha atrapado de lleno.
Aunque sólo hace quince días que lo inauguramos oficialmente,
 sin embargo ya nadie recuerda las bajas temperaturas
 que nos acompañaron esta primavera,
de las más frías de los últimos años.

Los campos lucen el dorado típico de la estación,
bañados tantas horas por un sol abrasador.
Espigas secas, flores marchitas,
y las hojas de los árboles llenándose de la luz del sol.

Esos tonos amarillentos me inspiran para crear
 una de las polaridades del verano.

 
 
Porque quienes han comenzado sus vacaciones cerca del mar
o quienes ya viven en lugares de playa,
disfrutan de un refrescante colorido que nada tiene que ver con el anterior.
 
 
Observando esa polaridad también sale de mis manos
la imagen de la Madre Tierra,
testigo de esta realidad estival.
 
 
El ciclo de la Naturaleza sigue su curso:
Las plantas nos regalaron los colores y fragancias de sus flores en la primavera.
Y los humanos nos unimos a esa celebración
elogiando la belleza a nuestro alrededor.
¡Qué fácil es unirse a la alegría de lo que florece, germina y fructifica!
 
Mi cámara se llenó de floridas imágenes
mientras paseaba por alguno de los parques de Madrid
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Apenas un mes hemos tenido
para llenar nuestra vista de coloridos y formas,
para abrir nuestro olfato
a esos olores que ni el más caro perfume puede reproducir...
 
Sólo un mes... de doce que tiene el año
es el tiempo que se nos permite disfrutar de tanta belleza...
 
¿Y pretendemos que en nuestra vida diaria
todos los días estén llenos de luz, alegría, color...?
 
Gran sabia, nuestra Madre Naturaleza.
 
 
 
Gracias por estar ahí,
incluso con este calor.