Hacía alusión en la última entrada
a una de las cualidades del verano,
que observando a nuestro alrededor
aparece en toda su evidencia:
la vida.
Incluso antes de amanecer,
desde mi cama escucho el piar de las pequeñas golondrinas
que anidan justo encima de mi ventana.
A ellas se va uniendo el cantar de otros pajarillos,
y con los primeros rayos de sol
el sonido es de lo más variado.
En los campos vemos a las vacas con sus terneros bien cerquita,
y las ovejas atentas sin perder de vista a sus corderitos.
Sorprende también ver entre los matojos secos y resecos
algún que otro tallo verde con florecillas.
La vida está ahí.
Sorprende también ver entre los matojos secos y resecos
algún que otro tallo verde con florecillas.
La vida está ahí.
Y también en este último día de julio
siento que un ciclo en mi propia vida termina,
muere,
y dará paso a un ciclo nuevo.
Y es real:
ha terminado un curso,
nos tomamos vacaciones, un merecido descanso
después de todos los meses de actividad y trabajo desde el septiembre pasado,
y es necesario un adiós, un cierre, un tiempo de vacío.
También es tiempo de muerte.
No esa muerte como imaginamos a veces, como un final después del cual no hay nada. No.
Puede ser, más bien, esa muerte con conciencia,
que para recibirla hemos de agradecer y digerir
todo lo vivido,
colocarlo en su sitio,
y soltarlo, dejarlo marchar...
Permitirnos habitar el vacío sin esperar nada, sin planear nada,
permitiendo que ocurra lo que haya de ocurrir sin que intervengamos en ello.
Utilizaría en este momento el efecto transformador del fuego.
Echaría en esta hoguera todo lo vivido durante este curso,
con amor
con respeto
con humildad
aunque algunas vivencias no haya entendido para qué han ocurrido...
Despido conscientemente este curso.
Dejo la actividad, el trabajo, los contactos, las reuniones, la responsabilidad...
y me dejo mecer en el mar del vacío,
sin horarios, sin obligaciones,
con las mínimas responsabilidades posibles.
Me permito disfrutar del calor que me hace languidecer,
que me aplasta y me quita las fuerzas que ya no necesito mantener.
Y me permito entrar como en una ensoñación
donde no programo nada
y saboreo cada momento presente.
Desde aquí te invito a dejarte invadir por este vacío,
y a disfrutar este video
con imágenes y música refrescantes.
Que tengas un bonito verano
con todo su esplendor.
con amor
con respeto
con humildad
aunque algunas vivencias no haya entendido para qué han ocurrido...
Despido conscientemente este curso.
Dejo la actividad, el trabajo, los contactos, las reuniones, la responsabilidad...
y me dejo mecer en el mar del vacío,
sin horarios, sin obligaciones,
con las mínimas responsabilidades posibles.
Me permito disfrutar del calor que me hace languidecer,
que me aplasta y me quita las fuerzas que ya no necesito mantener.
Y me permito entrar como en una ensoñación
donde no programo nada
y saboreo cada momento presente.
Desde aquí te invito a dejarte invadir por este vacío,
y a disfrutar este video
con imágenes y música refrescantes.
Que tengas un bonito verano
con todo su esplendor.
Gracias por seguir ahí.



No hay comentarios:
Publicar un comentario