Después de una noche de sueño profundo y reparador
mis sentidos van abriéndose lentamente al nuevo día.
Me llega sonido de agua... ¡¡ es lluvia !!
Entra por la ventana algo de claridad, pero no es la luz del sol.
El cielo está cubierto de nubes.
Y me llena una emoción especial:
¿qué significado tienen para mí estos días grises, que me encantan?
Me viene una sensación de regreso al hogar,
necesidad de intimidad,
encuentro conmigo misma...
Ésta soy yo.
Me entusiasma la idea del calor hogareño,
de los encuentros íntimos, con pocas personas,
personas especiales,
y el calor del corazón puesto en los diálogos, en la profundidad de las palabras.
Calor que nos llega del fuego de la chimenea,
de una infusión caliente entre las manos,
de la lana con la que creamos el escenario otoñal de nuestra mesa de estación.
Ayer las temperaturas ya habían descendido
y el ambiente en la sierra de Madrid era de puro invierno.
¡¡ Cayó la primera nevada de la temporada !!
¡¡ Y estamos en otoño !!
Hemos pasado de los 20ºC a la nieve.
Realmente me pregunto si somos capaces de asimilar estos cambios tan radicales en tan poco tiempo.
Creo que no es más que el reflejo de lo que hoy día pretendemos los seres humanos:
saltarnos los procesos intermedios que nos llevan de una realidad a otra,
atravesarlos en el mínimo tiempo posible.
Porque parece que el tiempo es muy importante, pero no para saborearlo, sino para acelerarlo.
Sin embargo, hace tiempo descubrí que la salud está por otros caminos.
En el proceso que vivo cada día con la lana, voy caminando de vez en cuando hacia atrás.
Estoy descubriendo, en grupo e individualmente,
el proceso del color, utilizando tintes naturales.
Ayer, que mis amigos Sol y Luis hacían una celebración especial,
me dio la oportunidad de compartir con ellos el resultado de este trabajo con el color.
El vestido de ella es de lana teñida con mora,
su delantal y el pantalón de él, con cáscara de nuez,
la chaqueta de él, con flor de retama,
la bufanda de él y el corazón grande, con palo de Brasil.
No son colores llamativos, sino más bien neutros, los que he utilizado
para que la composición tuviera cierta armonía.
Y sin embargo tienen unas cualidades diferentes a los colores artificiales, por muy bonitos que éstos sean.
Aún no encuentro las palabras exactas para describir la sensación mientras trabajo así;
sólo me siento en medio de una profunda paz.
Utilicé también lana con tinte natural en un regalo para mi amiga Marta,
para su iniciativa de Madre de día,
El Enanito del Estanque.
El vestido del hada, cubierto con seda verde, es de lana teñida con flor de retama.
Y las flores, del pelo y de la cintura, dos tonos conseguidos con palo de Brasil.
El pantalón del enanito, de cáscara de nuez.
Acaba de salir mi último experimento de la olla, en que he utilizado remolacha.
¡¡ Sorprendente el color !!
Como en las series americanas...creando expectación...
te lo mostraré en la próxima entrada.
Disfruta este adelanto de invierno.
Gracias por acompañarme con tu calor.




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