Cuando la atracción en estos días parece que está en los comercios y en el centro de Madrid, yo prefiero perderme, bien acompañada, en el silencio y la paz del campo y la montaña.
La cabeza se despeja, la vista se relaja, los sentidos se abren;
puedes escuchar tu propio corazón, hacerte consciente del ritmo de tus pasos...
sentir la vida, sencillamente:
la propia y la que palpita en la naturaleza que nos rodea.
Fluyen las conversaciones íntimas, que me permiten agradecer a la vida el saber elegir la verdadera amistad confiable y madura.
Admiramos la belleza de nuestro entorno
y reconocemos el lugar prioritario que le damos en nuestra vida. ¡ Por fin !
Sin vergüenzas ni pudores: prioritariamente LA BELLEZA.
Así de sencillo, así de importante, así de valiosa esta gran verdad.
Y puesto que estamos en tiempo de Adviento,
la imagen que corresponde.
La belleza le da sentido.
Felices días de Adviento



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