02 febrero 2013

Ritmo, ciclos, meditación.

Quizá te haya ocurrido alguna vez lo que he vivido yo esta mañana
mientras tejía.
Tejer es una actividad cotidiana para mí, con una cualidad concreta:
la repetición.

Hay múltiples actos en nuestra vida que tienen esta característica, tienen algo en común:
el RITMO.
Cuando vivo uno de esos momentos, sé que tengo dos opciones:
 poner el automático en el hacer y dar rienda suelta a mis pensamientos,
o meterme en la consciencia del momento y todo mi ser entra en ese ritmo.

Hoy he tomado la segunda opción, y la experiencia ha adquirido otra dimensión.
Era un presente continuo, una presencia constante...
 un placer donde el alma descansa.
Sentía ligereza, como si me elevara a otro plano, al mismo tiempo que no podía desviar mi atención del movimiento de mis manos, y todo cobraba un sentido:
 los puntos que se formaban, las vueltas que iban aumentando...
Me sentía muy "yo" en ese momento.
Ésto es para mí la MEDITACIÓN.

En algunos momentos de mi vida he creído que meditar consiste en sentarse en silencio en un rincón especialmente tranquilo y silencioso, con el objetivo de "parar la mente, detener los pensamientos".

Desde que me metí en profundidad en este trabajo manual, cada vez me daba más pereza
 "sentarme a meditar".
Y me preguntaba por qué.
Pues bien, sólo el hecho de poner conciencia en lo que hago me permite entender que en este momento ésta es mi meditación.
Estar presente en mi labor diaria es mi manera de meditar.
Éste es un trabajo meditativo.

También hay otros momentos en que utilizo mi pensamiento para dirigirlo con consciencia en una dirección concreta.
Y dándole un ritmo a esta actividad, también para mí constituye un camino de meditación.

Con este tema del ritmo, he ido "hilando" una serie de pensamientos y experiencias
que comparto contigo:

 El ritmo es la base de toda vida.
La respiración o el latido de nuestro corazón, constituyen la certeza de que estamos vivos.
 
 
(Te invito a que vayas escuchando esta música )
 
El ritmo une dos polaridades,
  tomar y dar (el aire en la respiración),
 contraer y relajar (los músculos en el movimiento)...
También puede ser arriba-abajo, delante-detrás (tejiendo en telar)...
Vivimos el ritmo del día y la noche, con la polaridad luz-oscuridad.
 
La repetición de los ritmos da lugar a los ciclos.
 
Y observo que para que se den los ciclos,
 es fundamental aceptar la antigua pauta de toda naturaleza:
el ciclo de la Vida/Muerte/Vida.

Desde que leí "Mujeres que corren con los lobos" (Cap. 5) pude empezar a mirar la muerte como la portadora de vida.
Y es que para que exista el día, la noche tiene que renunciar a existir;
 y a la vez lo opuesto está ocurriendo en la otra mitad de la Tierra.

Muchas veces veo mi resistencia a que muera una parte de mi vida, una parte de mí, pues parece que después de la muerte va a haber más muerte... cuando la realidad es bien diferente.
Siempre hay algo que debe morir para que algo nuevo nazca.
Muchas veces nuestro dolor o malestar no tienen otro origen que la resistencia, la no aceptación;
 por tratar de alargar algo que debe morir, o porque simplemente debemos aceptar que ese algo murió hace tiempo.

Tan sencillo como observar lo que ocurre en la Naturaleza,
 para poder luego aplicarlo a nuestra vida. 
Y es que la naturaleza tiene también sus ciclos.
 
Estamos ahora en pleno invierno.
Es una estación de frío, vientos y lluvia.
Poco lugar hay para la vida.
 
 
 
Los árboles y arbustos han perdido su verde abrigo y lucen su desnudez.
Pero no es todo gris y muerte, también hay vida en el brillante verde del musgo.
Los dos polos presentes, de nuevo.
Veo esas ramas sin hojas absolutamente rendidas y entregadas al invierno.
Y siento la necesidad de reconocer lo que está muerto dentro de mí.
Siento la necesidad de encontrar un ritual personal e íntimo para decir adiós a lo que se fue, a lo que perdí, a lo que pasó...
Ésta es mi vivencia de la Interiorización del Invierno.
 
Gracias doy de corazón a este sencillo paisaje por ayudarme a poner conciencia
 en aceptar que todo está bien como está.
 
Y me inspira a crear una imagen invernal, con un toque de calor y color.
 
 
 Es mi manera de mostrar este proceso.
La convivencia de los dos polos.
El color blanco invernal acompañado del calor del rojo.
Abrazar el corazón, símbolo de vida, amor, calor...
 
En mi terraza tengo la muestra de la vida en invierno.
 
 
 
 El cyclamen florece con el frío y me regala su colorido.
 
Gracias por estar ahí.
 
 
 
 
 

1 comentario:

Luis dijo...

Pilar, me ha encantado esta entrada. En muchas culturas se ha utilizado el ritmo para acceder a estados de conciencia más profundos: la música, la danza, la recitación de mantras... Pienso que quizá cuando "entramos" en el ritmo eso nos da seguridad, sabemos que las cosas van a seguir un orden, y eso nos permite abandonarnos, no tener que controlar ni que dedicar una parte de la mente a tomar decisiones, y entonces permitimos que afloren otros niveles de conciencia. En fin, muy hermoso lo que cuentas.