31 diciembre 2013

Un adiós consciente al año 2013.

Hoy es el último día del año, y quería escribir unas líneas en este blog
que he tenido un poco abandonado en este trimestre que ya termina.
Ha sido un trimestre intenso, y creo que no sólo para mí.
He escuchado también a mi alrededor que un sinfín de actividades ha llenado nuestras agendas
y parecía que poco podíamos hacer al respecto.

Sin embargo, estos días de vacaciones, de descanso,
nos dan la oportunidad de observar nuestra vida desde una perspectiva diferente,
 fuera de la dinámica diaria que nos arrastra, y podemos hacer algo con ello.

En mi caso concreto,
una sencilla actividad casera este domingo pasado me aportó la claridad que necesitaba.
Era una mañana soleada, 
y mientras disfrutaba del desayuno
 miraba las plantas de mi terraza inundada por el sol.
Largos tallos con hojas secas se me hacían inútiles para las plantas, 
sobre todo para la estación en la que estamos.
Sin embargo, terminaban estas ramas en hojillas nuevas recién salidas.
Esto me hizo dudar: ¿es momento de podarla? ¿O voy a cortar una vida innecesariamente?

En contraste, la copa de un árbol de la calle me mostraba sus ramas desnudas, 
¡ bendita naturaleza !
Ya no fue mi cabeza la que decidía 
sino la sabiduría de lo que mis ojos contemplaban.

Y es que acabamos de entrar en la estación más fría del año,
y las fuerzas de la vida se van apagando.
Los árboles y casi todas las plantas se repliegan y concentran su energía en las raíces.

Así que empecé a podar mis plantas.

Iba sintiendo con cada corte que en realidad estaba aligerando a la planta,
como liberándola de un trabajo para el que no tiene ya fuerzas.
Algunas ramas las deseché,
y las que aún tenían en su extremo un impulso de vida, las puse en agua  
para que, cuando sea su momento, puedan echar raíz.

Y éste fue el resultado de mi poda :


¿Cuántas partes de nuestra vida mantenemos por rutina, por hábito o por costumbre,
que en este momento presente no nos aportan nada,
incluso nos llenan el tiempo de un gran vacío o de muerte?
Es de gran ayuda de vez en cuando hacer una parada y valorar 
en qué actividades llenamos, incluso en exceso, nuestro tiempo.

Porque algunas realmente nos nutren, nos llenan, y merece la pena mantenerlas.
Otras nos llenaron hace un tiempo,
 nos parecía que ya formaban parte de nuestra vida para siempre...
pero quizá es momento de darles fin 
para que puedan transformarse en otra cosa... 
Como este ramo que adorna ahora mi mesa, y que en primavera, o cuando sea su momento, dará lugar a otra nueva planta, de mi terraza o de cualquier otra.


Te invito a que en estos días hagas tu propia poda en la parcela de tu vida que sientas que se muere.
Porque luego lo que se siente... ¡¡ es un gran alivio !!

Y para terminar el año, te muestro mis últimos trabajos  
que no he mostrado aquí
 porque estaba entretenida en actividades que acabo de podar.


Así es como siento a la Madre Tierra en estos momentos : 
como absorbida y envuelta por su propia naturaleza,
queriendo penetrar más si cabe en su propia profundidad, en su propia esencia.



La lana del vestidito, del gorro y los zapatos
 y de la mora del fondo
 están teñidas con moras que recogí al inicio del otoño.

Ésto fue un encargo muy personal que hice con mucho cariño :


 Y la misma tarde del día 24, terminaba las figuras del nacimiento 
que nos acompaña esta Navidad.


De este modo le digo adiós al año que hoy termina,
igual que digo adiós a esas partes de mi vida que dejo atrás,
con DIGNIDAD.

Y mi agradecimiento de corazón, por seguir y acompañar estas líneas.


¡¡ Hasta el próximo año !!

17 noviembre 2013

¿Otoño?

 
Después de una noche de sueño profundo y reparador
mis sentidos van abriéndose lentamente al nuevo día.
Me llega sonido de agua... ¡¡ es lluvia !!
Entra por la ventana algo de claridad, pero no es la luz del sol.
El cielo está cubierto de nubes.
Y me llena una emoción especial:
¿qué significado tienen para mí estos días grises, que me encantan?
Me viene una sensación de regreso al hogar,
 necesidad de intimidad,
encuentro conmigo misma...
 
Ésta soy yo.
Me entusiasma la idea del calor hogareño,
de los encuentros íntimos, con pocas personas, 
 personas especiales,
  y el calor del corazón puesto en los diálogos, en la profundidad de las palabras.
Calor que nos llega del fuego de la chimenea,
 de una infusión caliente entre las manos,
de la lana con la que creamos el escenario otoñal de nuestra mesa de estación.
 
Ayer las temperaturas ya habían descendido
y el ambiente en la sierra de Madrid era de puro invierno.
¡¡ Cayó la primera nevada de la temporada !!
 
 
¡¡ Y estamos en otoño !!
Hemos pasado de los 20ºC a la nieve.
Realmente me pregunto si somos capaces de asimilar estos cambios tan radicales en tan poco tiempo.
Creo que no es más que el reflejo de lo que hoy día pretendemos los seres humanos:
saltarnos los procesos intermedios que nos llevan de una realidad a otra,
atravesarlos en el mínimo tiempo posible.
Porque parece que el tiempo es muy importante, pero no para saborearlo, sino para acelerarlo.
 
Sin embargo, hace tiempo descubrí que la salud está por otros caminos.
En el proceso que vivo cada día con la lana, voy caminando de vez en cuando hacia atrás.
Estoy descubriendo, en grupo e individualmente,
 el proceso del color, utilizando tintes  naturales.
 
Ayer, que mis amigos Sol y Luis hacían una celebración especial,
me dio la oportunidad de compartir con ellos el resultado de este trabajo con el color.
 
 
El vestido de ella es de lana teñida con mora,
su delantal y el pantalón de él, con cáscara de nuez,
la chaqueta de él, con flor de retama,
la bufanda de él y el corazón grande, con palo de Brasil.
No son colores llamativos, sino más bien neutros, los que he utilizado
para que la composición tuviera cierta armonía.
Y sin embargo tienen unas cualidades diferentes a los colores artificiales, por muy bonitos que éstos sean.
Aún no encuentro las palabras exactas para describir la sensación mientras trabajo así;
sólo me siento en medio de una profunda paz.
 
Utilicé también lana con tinte natural en un regalo para mi amiga Marta,
para su iniciativa de Madre de día,
 El Enanito del Estanque.
 
 
El vestido del hada, cubierto con seda verde, es de lana teñida con flor de retama.
Y las flores, del pelo y de la cintura, dos tonos conseguidos con palo de Brasil.
El pantalón del enanito, de cáscara de nuez.
 
Acaba de salir mi último experimento de la olla, en que he utilizado remolacha.
¡¡ Sorprendente el color !! 
Como en las series americanas...creando expectación...
  te lo mostraré en la próxima entrada.
 
Disfruta este adelanto de invierno.
 
 
Gracias por acompañarme con tu calor.
 
 
 
 
 

OTOÑO.

 
Ha ido cambiando poco a poco el colorido de nuestros campos.
Una mullida alfombra verde ha sustituido a las espigas rígidas y secas del verano.
 
 
 
Las temperaturas han sido, hasta hoy, bastante suaves.
Alguna lluvia caída ha permitido la reaparición del color verde, tan esperado.
 
Las distintas tonalidades a mi alrededor me inspiraron
para hacer este hada de otoño.
 
 
En su cesto lleva zanahorias y tomates que la tierra aún nos regala generosamente.
 
La riqueza en los matices es de tal belleza,
 que cada día invita a observar un árbol para embelesarnos.
 
 
En un reducido espacio a nuestros pies
 podemos encontrar multitud de tonos típicos de la estación.
 
 
Y las manos buscan en casa los colores de la lana para crear imágenes que traen la naturaleza a nuestro hogar.
 
 
 
 
La diadema de esta dama con la bellota es corteza de avellano,
muy  flexible.
 
Espero que te haya gustado esta pequeña pincelada otoñal.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

02 octubre 2013

Talleres de Hadas

Aunque este trabajo es bien extenso en cuanto a variedad de materiales y técnicas,
y que mi enfoque a la hora de trasmitirlo
 es caminar de la mano de cada estación por la que transita la naturaleza que nos rodea,
sin embargo 
muchas personas se quedan enamoradas de la imagen de las hadas.
 
A mí siempre me pareció una parte más del trabajo,
 pero ante la insistencia de estas personas por aprender,
 al final decidí escuchar su demanda.
 
Hoy os puedo mostrar varias imágenes del resultado de estas clases.
 
 
Cada persona le da su toque personal.
 
 
El taller consiste en cuatro encuentros de dos horas y media cada uno
al final de lo cuales cada persona ha elaborado dos hadas.
 
 
Para hacer la primera, voy guiando los pasos hasta conseguir la forma.
Y dejo libertad en la elección de los colores de la ropa, el peinado...
 
 
Y como considero necesaria la repetición para que exista un aprendizaje,
haciendo la segunda se confirma un poco la experiencia primera.
 
Fundamental repetir y repetir,
 pues al principio se trata de la creación de otra persona,
 hasta que llega un momento que se integra,
 y aparece algo personal y genuino.
 
Las fotos arriba expuestas son del último taller 
para dos personas.
Creo que es fácil ver la evolución de las dos primeras a las siguientes.
 
Si después de terminar
 se hace una observación consciente de lo creado
la información que sacamos es muy interesante.
 
¡Gracias a las participantes, de las que siempre aprendo algo!
 
Y gracias a ti, por acompañar estas líneas.
¡¡Espero que te haya gustado!! 
 
 
 
 
 
 
 


22 septiembre 2013

Colores de otoño.

Hemos retomado hace poco el ritmo del nuevo curso,
la actividad del trabajo y de las tareas cotidianas.
Es de esperar que hayamos podido llenarnos este verano
del calor y de la luz del sol,
del descanso
 y de un paisaje diferente al habitual...
¡¡ya se encargará el invierno de ponerlo a prueba!!

En este momento vivimos una época de abundancia.
Por todas partes se están recogiendo los frutos y las frutas
que el sol ha madurado con su calor y su luz.

Paseando por los caminos, si observamos a nuestro alrededor con curiosidad,
nos podemos sorprender con el contraste de colores .



Entremezclados crecen algunos arbustos
como el endrino, la zarzamora, la rosa mosqueta...
Casi anocheciendo cogemos sus frutos para preparar mermelada,
y para teñir nuestras lanas.


Cocemos las endrinas en agua
y nos regalan generosamente su color.


Y la lana al final
queda así:
 

 
 
No hace falta utilizar mordiente, simplemente dejar cocer 30 minutos los frutos,
se cuela, y en el agua introducimos la lana previamente mojada.
Dejamos hervir otra media hora,
 o más tiempo si queremos un color más intenso.
Yo lo he dejado casi una hora, y el resultado está en la foto.

Una sensación muy especial la de teñir nuestras propias lanas.
No hace falta salir a ninguna tienda, ni gastar ningún dinero, ni hacer nada extraordinario.
Sólo salir a pasear al campo, tener alguna noción de las plantas que tiñen,
tener una bolsa a mano para recolectar lo que cada uno desee...
y en casa, con una olla y agua corriente...
 seguir los pasos correctos,
que yo los he sacado del libro "Las plantas tintóreas",
escrito por un maestro que eleva la experiencia del color a las alturas espirituales.

Ahora estoy experimentando con la ortiga, y ya os mostraré el colorido
que aparece en la lana.
Y haré especial mención a ella cuando de mis manos salga algún personaje que lleve en su ropa estos colores naturales.

Espero que te guste esta nueva e interesante línea de trabajo.
Gracias por estar ahí.





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31 julio 2013

Ciclo Vida/Muerte/Vida en el verano.

Hacía alusión en la última entrada
a una de las cualidades del verano,
que observando a nuestro alrededor
aparece en toda su evidencia:
la vida.
Incluso antes de amanecer,
 desde mi cama escucho el piar de las pequeñas golondrinas
que anidan justo encima de mi ventana.
A ellas se va uniendo el cantar de otros pajarillos,
y con los primeros rayos de sol
el sonido es de lo más variado.
En los campos vemos a las vacas con sus terneros bien cerquita,
y las ovejas atentas sin perder de vista a sus corderitos.

Sorprende también ver entre los matojos secos y resecos
algún que otro tallo verde con florecillas.

La vida está ahí.
Y también en este último día de julio
siento que un ciclo en mi propia vida termina,
 muere,
y dará paso a un ciclo nuevo.
Y es real:
ha terminado un curso,
nos tomamos vacaciones, un merecido descanso
 después de todos los meses de actividad y trabajo desde el septiembre pasado,
 y es necesario un adiós, un cierre, un tiempo de vacío.
También es tiempo de muerte.
No esa muerte como imaginamos a veces, como un final después del cual no hay nada. No.
Puede ser, más bien, esa muerte con conciencia,
que para recibirla hemos de agradecer y digerir 
todo lo vivido,
colocarlo en su sitio,
 y soltarlo, dejarlo marchar...
Permitirnos habitar el vacío sin esperar nada, sin planear nada,
 permitiendo que ocurra lo que haya de ocurrir sin que intervengamos en ello.
   
Utilizaría en este momento el efecto transformador del fuego.


Echaría en esta hoguera todo lo vivido durante este curso,
 con amor


con respeto
con humildad
aunque algunas vivencias no haya entendido para qué han ocurrido...

Despido conscientemente este curso.
Dejo la actividad, el trabajo, los contactos, las reuniones, la responsabilidad...
y me dejo mecer en el mar del vacío,
sin horarios, sin obligaciones,
con las mínimas responsabilidades posibles.
Me permito disfrutar del calor que me hace languidecer,
que me aplasta y me quita las fuerzas que ya no necesito mantener.
Y me permito entrar como en una ensoñación
donde no programo nada
y saboreo cada momento presente.

Desde aquí te invito a dejarte invadir por este vacío,
y a disfrutar este video
con imágenes y música refrescantes.



Que tengas un bonito verano
con todo su esplendor.


Gracias por seguir ahí. 


14 julio 2013

La riqueza del verano.

Estamos viviendo los días más largos del año. 
La luz del sol nos acompaña, perseverante.
El verano es la estación de la luz.
Vivaldi lo plasmó en su música, que te invito a ir escuchando.

 
 
Si la característica del invierno fue el recogimiento, la introspección,
 


el gesto del verano, de la luz, es la dispersión, la expansión.
 

 
Es una invitación tentadora a salir afuera,
a nutrirnos con la energía y el calor del sol;
todos nuestros sentidos están despiertos,
y no hay remedio a sucumbir ante este hechizo.
 
Si nos paramos a observar lo que ocurre en la naturaleza,
podemos entender este proceso y fundirnos con ella.
 
 
Las fuerzas que estuvieron recogidas en invierno
en el interior del manto terrestre
ahora se unen como en una danza
 a la brisa,
 al revolotear de las mariposas entre las flores,
al suave cantar de las aves.  
Incluso en la noche, en la oscuridad,
 el sonido de los grillos mece nuestros sueños.
Nuestros sentidos no descansan.
 
Y es la luz del sol la que permite que toda la riqueza de la tierra
se transforme en sustancias que los humanos ingerimos
para vivir.
 

 
"La vida es luz transformada".
(De Roberto Crottogini, en La Tierra como escuela)
 
No hay más que mirar los huertos
en esta época del año:
es el momento de mayor variedad,
de mayor colorido...
Los de hoja verde, los tomates, calabacines y berenjenas...
 
Los árboles también, generosos, nos regalan sus frutos:
ya consumimos las deliciosas cerezas de la temporada,
los ricos nísperos,
y ahora melocotones, ciruelas,
nos refrescan del calor.
 
Es una bendición poder recoger lo que se plantó en su día,
 y que con paciencia hemos visto crecer y madurar.
El eterno proceso de la vida, repetido otro año más.
 
Y como bendición en nuestras mesas:
"Tierra, estos frutos tú nos has dado;
Sol, esto tu luz ha madurado;
Sol y Tierra bienamados,
nunca seréis olvidados."
 
 
 
¡¡Feliz verano!!
 
Y a ti, gracias por seguir ahí.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


07 julio 2013

Las hadas del verano.

Los termómetros se han disparado desde hace pocos días.
El verano nos ha atrapado de lleno.
Aunque sólo hace quince días que lo inauguramos oficialmente,
 sin embargo ya nadie recuerda las bajas temperaturas
 que nos acompañaron esta primavera,
de las más frías de los últimos años.

Los campos lucen el dorado típico de la estación,
bañados tantas horas por un sol abrasador.
Espigas secas, flores marchitas,
y las hojas de los árboles llenándose de la luz del sol.

Esos tonos amarillentos me inspiran para crear
 una de las polaridades del verano.

 
 
Porque quienes han comenzado sus vacaciones cerca del mar
o quienes ya viven en lugares de playa,
disfrutan de un refrescante colorido que nada tiene que ver con el anterior.
 
 
Observando esa polaridad también sale de mis manos
la imagen de la Madre Tierra,
testigo de esta realidad estival.
 
 
El ciclo de la Naturaleza sigue su curso:
Las plantas nos regalaron los colores y fragancias de sus flores en la primavera.
Y los humanos nos unimos a esa celebración
elogiando la belleza a nuestro alrededor.
¡Qué fácil es unirse a la alegría de lo que florece, germina y fructifica!
 
Mi cámara se llenó de floridas imágenes
mientras paseaba por alguno de los parques de Madrid
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Apenas un mes hemos tenido
para llenar nuestra vista de coloridos y formas,
para abrir nuestro olfato
a esos olores que ni el más caro perfume puede reproducir...
 
Sólo un mes... de doce que tiene el año
es el tiempo que se nos permite disfrutar de tanta belleza...
 
¿Y pretendemos que en nuestra vida diaria
todos los días estén llenos de luz, alegría, color...?
 
Gran sabia, nuestra Madre Naturaleza.
 
 
 
Gracias por estar ahí,
incluso con este calor.
 
 
 
 
 
 
 


   


08 junio 2013

Lana cardada: Mayo, el mes de las flores.

Nos dejó el mes de mayo,
 el mes de las flores,
mes del color por excelencia.
Este año, con todo el agua caída
más florido y hermoso que otros años.

 
Te invito a ir escuchando esta música maravillosa de Ludovico Einaudi,
con imágenes también impresionantes, llenas de color.
 
Tomé fotos del campo que aún no he mostrado en este espacio
y me permito mostrarlas en este mes de junio, con retraso,
pues preparaba un mercadillo importante para mí,
y no soy buena haciendo varias cosas a la vez.
 
He necesitado centrar mi energía en crear lo que también iré mostrando,
y poco a poco quedará expuesto mi trabajo del mes pasado.
 
 
Flores cultivadas, flores silvestres...
Dejarnos sorprender cada día por la aparición de un nuevo color.
 
Del amarillo, el campo pasó al morado.
 
 
El blanco de la margaritas salpicaba aquí y allá.
 
 
 
Tardó algo más en aparecer la amapola...
 
 
Pero su colorido invadió nuestros campos, como cada año.
 
 
 
El rojo
color de vida.
Nuestra alma se llena
 al contemplar el regalo que la Madre Naturaleza
 nos brinda cada año.
 
 
Aunque no tan vistosas, las espigas también son inspiradoras.
Y aparece en nuestra mesa de estación otra niñita más, imagen de ello. 
 
 
Salen de mis manos
tiernos bebés
tejidos en algodón, material más acorde con la estación
que la lana trabajada durante el frío invierno.
 
 
No mide más de la altura de mi mano
y duerme entre lana y seda
que hemos teñido con la corteza de un árbol.
 
Nuestros talleres de Ergoterapia,
 en los que disfrutamos del colorido que el mundo vegetal nos ofrece.
 
 
 
Como siempre, mi agradecimiento a la Naturaleza
por su abundancia.
Las texturas de los materiales más básicos,
 como la lana cardada,
después hilada,
me envuelven y dan calor.
 
El frescor del algodón
tan apetecible cuando sube la temperatura
 y caminamos hacia el verano.
 
La delicadeza de la seda...
¿qué puedo decir de este material,
que resulta de la transformación del gusano en mariposa?
Sublime...
 
Y gracias a tí
por acompañar estas líneas...